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27 de abril de 2018

Tomás Eloy Martínez (escritor)



Nació en San Miguel de Tucumán, Argentina. Estudio en el Colegio Nacional y se graduó como licenciado en Literatura española y latinoamericana en la Universidad Nacional de Tucumán y, en 1970, obtuvo una Maestría en Literatura en la Universidad de París VII.

America Latina: Historia y ficcion,  May 27, 1999, Washington, DC.



Escucharlo la hora entera fué genial, te dejo a continuación (para tentarte) estos tres minutos:

(minuto 24:00) “…los documentos son dignos de desconfianza no solo porque el poder político, lo historiadores, terminan manipulándolos, lo son también porque desaparecen, se extinguen, se esfuman, pierden su valor de prueba, a partir de ese doble cuestionamiento del valor de los documentos se impone la siguiente pregunta:
Si los archivos han sido construidos por las minorías letradas y por el poder político al servicio de su propia versión de la historia, y si la historia es, como llamaban a fines del siglo XV un libro que escamotea, oculta y ficcionaliza a la realidad, ¿con qué argumentos negar a la novela, que es una forma no encubierta de ficción, su derecho a proponer también una versión propia de la verdad histórica? ¿cómo no pensar que por el camino de la ficción, es decir de la mentira, de la fábula que esboza decir su nombre, la historia podría ser contada de un modo también verdadero, o al menos de un modo casi tan verdadero como el de los documentos?...”

(minuto 33:00) “…pero sobre todo han pasado, han sucedido, nos han sucedido, el fracaso de los andinistas en Nicaragua, la demolición del muro de Berlín, el estallido de fragmentos de la Unión Soviética, nos están sucediendo las guerra de religión y de raza en Kosovo y en Albania, en las que están participando países no directamente afectados por esas guerras, nos suceden las oleadas de criminalidad adolescentes en Colorado, en Georgia, en Tucumán y en Medellín, y el desbastador efecto de dominó que las crisis económicas situadas en ciertos países, tienen sobre otros países remotos, nos sentimos en medio de un vaivén del corsi e recorsi del que hablaba Giambattista Vico. El fin neoliberal de la historia, que era una prédica corriente en 1988 ha sido puesto en tela de juicio por el descenso en masa de los pobres desde los cerros de Caracas en febrero de 1989, por el alzamiento de Chiapas a comienzos de 1994 y por el éxito interminable de Kosovares y Albaneses en 1999.  Escribir no es ya oponerse a los absolutos, porque no quedan en pie los absolutos, nadie cree ahora que el poder es un bastión homogéneo, nadie puede tampoco redescubrir que el poder construye su verdad valiéndose, como observaba Foucault, de una red de producciones, discriminaciones, censuras y prohibiciones, lo que ha sobrevenido es el vacío, un vacío que comienza a ser llenado no ya por una versión que se opone a la oficial, como en los años 70, sino por muchas versiones, o más bien por una versión que va cambiando de color según quién es el que mira, polaridades, etnocentrismos, márgenes, géneros, la mirada se va moviendo de lugar, ya no es posible seguir hablando de un combate contra el poder político, porque el poder no es solo político, el poder se va desplazando de las manos del ejército, de la iglesia y de las corporaciones económicas tradicionales, a la de los narcotraficantes, los lavadores de dinero, los vendedores de armas, los políticos que construyen su fortuna a velocidad de vértigo, para volver luego al ejército, la iglesia, etc., o a fugaces alianzas entre un sector y otro, ya no podemos dialogar con la historia como verdad, sino como cultura, como tradición…”

(minuto 50:00) “…apuntar hacia el porvenir, ¿qué significa esto?, no significa por supuesto la intensión de crear una sociedad nueva por el imperio transformador de la palabra escrita como se pretendía mesiánicamente, en incautamente hace tres décadas, las novelas no le mueven un solo pelo a la realidad, ni con su estrépito, ni con su silencio, pero se escriben, como dije al principio, para labrar el cauce de río por el que va a navegar el porvenir, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. Una de las operaciones más originales de la ficción histórica es su intento de recuperar los mitos de una comunidad, no invalidándolos, ni idealizándolos, sino reconociéndolos como tradiciones, como fuerza que ha ido dejando su sedimento sobre el imaginario. Todo mito expresa a fin de cuentas, el deseo común, y nada pertenece al porvenir con tanta nitidez como los deseos…”



Obras

Novelas

    1969: Sagrado
    1985: La novela de Perón
    1991: La mano del amo
    1995: Santa Evita (la novela argentina más traducida de todos los tiempos.9​)
    2002: El vuelo de la reina (Premio Alfaguara de Novela 2002)
    2004: El cantor de tango
    2008: Purgatorio

Cuentos

    1979: Lugar común la muerte (relatos de ficción testimonial).
    2014: Tinieblas para mirar (recopilación de relatos inéditos; libro póstumo).

Ensayos

    1961: La obra de Ayala y Torre Nilsson. Estructuras del cine argentino
    1980: Ramos Sucre. Retrato del artista enmascarado
    2000: Ficciones verdaderas

Crónicas

    1974: La pasión según Trelew, cuya tercera edición fue quemada en la plaza del III Cuerpo de Ejército, en Córdoba, por la dictadura militar.
    1999: El sueño argentino
    2003: Réquiem por un país perdido (reelaboración y ampliación de El sueño argentino)

Otros libros

    1996: Las memorias del general, una crónica sobre los años 70 en Argentina.
    2004: Las vidas del general
    2006: La otra realidad (antología)
    2011: Argentina y otras crónicas (ensayos y textos periodísticos)

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