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11 de marzo de 2010

Tucumán en 1825 (Del libro de viaje de Joseph Andrews - adaptación)

¿A que no te imaginás como era Tucumán hace 200 años?  Así era a los ojos de un viajero inglés:

En aquella parte de las citadas planicies, comprendida dentro de los límites de Tucumán, el suelo es variado; puede encontrarse allí en sus más diversas especies.  Abunda la marga, la arcilla, la arena y el cascajo, pero la naturaleza de suelo que prevalece, es la de tierra vegetal, negra, rica y exuberante.  Esta diversidad de suelos, da lugar a una variedad sin fin de producción vegetal extraordinariamente exuberante.  Los granos y raíces más cultivadas, son seis o siete clases de maíz, trigo, cebada, guisantes, judías, patatas comunes, patatas dulces llamadas camote, y una interminable variedad de productos de jardinería.  En materia de frutas, silvestres y cultivadas, se encuentran naranjas, limones, cidras, granadas, duraznos, uvas, manzanas, peras, membrillos, ciruelas, melones, etc.  El azafrán, el pimentón, la zarzaparrilla, el índigo, la cochinilla, la miel y numerosas plantas colorantes, algodón, pimienta, tabaco y caña de azúcar, crecen y se producen en abundancia.  El azúcar se refina por un procedimiento inventado por el Dr. Colombres. 
Hay extensos campos de pastoreo, ricamente exuberantes.  Los bosques están siembre cubiertos de un eterno verdor y producen una vasta variedad de frutas silvestres, muchas de las cuales se aprovechan por medio de la destilación.   Hasta los cercos de los corrales para ganado, en este rico país, están cubiertos de una fruta que produce una melaza llamada “arrope”, con la cual acostumbran mezclar sus postres de mesa.  Las planicies abundan en hierbas y plantas raras y en las faldas de las montañas, se encuentran muchas especies de calas.
En esta deliciosa región, el reino animal no es menos rico que el vegetal.  No podría encontrarse mejor ganado vacuno en parte alguna del mundo.  Los caballos son resistentes y de mucho empuje.  La cría de ovejas y cabras está muy descuidada, así como la de cerdos, a pesar de lo cual, todo prospera, por poca atención que en ello se ponga.  Manadas numerosas de ganado salvaje, recorren aun los lugares menos frecuentados de la provincia.  Abundan los ciervos, los jabalíes y los guanacos.  En materia de animales salvajes existe el tigre, o más bien jaguar, y el gato montés, el anta y el armadillo se encuentran por doquier.  En cuanto a la caza, hay perdices, faisanes, pavos salvajes y toda clase de aves silvestres, muchas de éstas desconocidas en Europa.  Los pájaros numerosos y del mas bellos plumaje; muchos cantan maravillosamente y con tan variado cantar, que no los he oído después iguales.
...
Si se me perdiera representar al majestuoso Aconquija, con gastada alegoría, aplicable con frecuencia en Sud América, lo haría representándolo con la cabeza sobre las nubes, cubierta de nieves eternas; con sus pechos que arrojaran ríos de oro y de plata por sobre el rico ropaje de las faldas; con sus laderas cubiertas de un verdor eternamente lozano; con sus pies deslizados por entre la aterciopelada vegetación de sus valles, conjunto todo, de lo más bello, quizás lo más bello que jamás formó la naturaleza. 

Luego de haber hecho una fogata por pasatiempo, llevados por la libertad que inspiran estos sitios, nos retiramos a descansar, pero no, lector, como intentas figurarte, sobre mullida cama de blando plumón, sino sobre el piso del rancho, dispuestos a echar un sueño reconfortante.  Aquellos que han estado acostumbrados a la vida de los bosques en las regiones templadas próximas a los trópicos, saben de este despertar durante el canto variado de los pájaros, envueltos en la suave fresca brisa del más bello clima del mundo, mientras la naturaleza toda a su alrededor, duerme tranquila en magistral arrobamiento; y se experimenta en tales momentos una sensación que el lenguaje no puede describir. 
Mi amigo don Tomás creyó haberme alejado lo suficiente para despertar en mí profunda admiración, y francamente, la belleza del paisaje que me rodeaba era insuperable.  Sin embargo, como no había allí árboles que pudieran compararse a los gigantescos que yo había visto en Australia, supuse que la pretenciosa parcialidad de don Tomás por todo los que fuera de su tierra, dependía simplemente del hecho de no conocer la producción forestal de otros países.  No había terminado aún cuando me dijo que lo que habíamos visto hasta ahora no era lo mejor, y avanzando otra media legua entre panoramas más o menos iguales, me condujo hasta un sitio donde podían verse esos árboles estupendos, algunos de los cuales tenían un tronco limpio de más de cien pies de altura, y digo cien pies por temor de equivocarme, pues tengo por cierto que los había allí de mucha más altura.  No pude evitar de manifestar al punto mi admiración a don Tomás, y de hacer un merecido elogio.  Jamás, anteriormente, había visto una maravilla de vegetación semejante.  Contemplé hasta hartarme aquellos viejos patriarcas de las selvas, mohosos con los años, rodeados de enredaderas y tachonados de troncos y ramas de plantas parásitas que semejaban estrellas.

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